
LA OIT Y EL BIENESTAR PSICOSOCIAL EN EL TRABAJO
Con motivo del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, celebrado este 28 de abril, la Organización Internacional del Trabajo ha puesto el foco en uno de los principales desafíos emergentes para las organizaciones: la gestión de los riesgos psicosociales. Bajo el lema “Garanticemos un entorno psicosocial saludable en el trabajo”, el organismo internacional advierte de que factores como la sobrecarga laboral, la hiperconectividad, la falta de autonomía, la ambigüedad en las funciones o el acoso laboral están generando un impacto cada vez mayor en la salud física y mental de las personas trabajadoras.
La OIT recuerda que la forma en que se diseña, organiza y gestiona el trabajo influye directamente en la salud, la seguridad y el rendimiento de las plantillas. Según datos difundidos por el organismo, más de 840.000 personas fallecen cada año en el mundo por causas vinculadas a riesgos psicosociales, una cifra que evidencia la necesidad de reforzar las políticas preventivas dentro de las empresas.
En España, esta reflexión también conecta directamente con el marco regulatorio vigente. La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales obliga a las empresas a identificar, evaluar y prevenir todos los riesgos que puedan afectar a sus trabajadores, incluidos aquellos vinculados al estrés, la salud mental o la organización del trabajo. Asimismo, el auge del teletrabajo y la digitalización ha impulsado nuevas obligaciones relacionadas con la desconexión digital, recogidas en la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales y reforzadas por nuevas políticas corporativas de bienestar laboral.
Entre los principales riesgos psicosociales detectados por los organismos internacionales destacan:
cargas excesivas de trabajo
jornadas prolongadas
falta de conciliación
violencia o acoso laboral
inseguridad contractual
entornos de trabajo poco participativos
Estos factores no solo incrementan el absentismo y la rotación, sino que también afectan directamente a la productividad, la reputación corporativa y los compromisos ESG de las compañías.
Desde una perspectiva de responsabilidad social corporativa y sostenibilidad, garantizar entornos laborales seguros ya no debe entenderse únicamente como una exigencia legal, sino como una cuestión estratégica de gobernanza empresarial. La protección del bienestar físico y emocional de las personas trabajadoras forma parte de una cultura ética sólida y de modelos de negocio más resilientes, sostenibles y alineados con los nuevos estándares internacionales de buen gobierno corporativo.
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