
CREAR VALOR COMPARTIDO
España no destaca especialmente en el desarrollo de proyectos orientados a generar valor social mediante el impulso simultáneo del desarrollo económico y social de los sectores más vulnerables o en riesgo de exclusión.
La situación social actual invita a la reflexión. Existe un porcentaje elevado de personas en situación de desempleo; otro depende exclusivamente de ayudas sociales, como el Ingreso Mínimo Vital (IMV) u otras prestaciones, como única fuente de ingresos; también hay un número significativo de jóvenes que ni estudian ni trabajan, así como millones de personas con empleos temporales o precarios y salarios próximos al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), insuficientes para acceder a una vivienda o llegar con tranquilidad a fin de mes. Son los denominados trabajadores pobres.
Ante esta realidad, resulta fundamental impulsar el desarrollo económico y, con él, el desarrollo social. Corresponde al Estado promover, mediante una adecuada utilización de los recursos públicos, las condiciones necesarias para que todos los ciudadanos dispongan de oportunidades reales de acceso a un empleo digno, una vivienda adecuada y, en definitiva, a una vida con mayores niveles de bienestar. No obstante, este objetivo también puede alcanzarse mediante iniciativas privadas o impulsadas por la propia sociedad civil.
Un país como España, con millones de hectáreas prácticamente despobladas y donde cerca del 81 % de la población reside en áreas metropolitanas, afronta un importante reto territorial. El abandono progresivo de amplias zonas del interior constituye una realidad que merece ser analizada desde la perspectiva del desarrollo económico y social.
El desarrollo económico y el desarrollo social mantienen una relación estrecha e inseparable. Sin embargo, en un contexto de creciente globalización y de una economía cada vez más competitiva, persisten importantes desigualdades sociales y continúa existiendo un elevado número de personas en situación de vulnerabilidad o riesgo de exclusión.
La economía constituye uno de los pilares fundamentales del desarrollo social, ya que favorece la igualdad de oportunidades, contribuye a reducir la pobreza, disminuye la vulnerabilidad y permite que las personas puedan tomar decisiones libres sobre su propio proyecto de vida. Crear las condiciones que favorezcan esa equidad debería formar parte de las prioridades de cualquier sociedad moderna y comprometida con el progreso.
La independencia económica es, en última instancia, la que garantiza la libertad de elección y permite a las personas desarrollar plenamente sus capacidades, satisfacer sus necesidades y perseguir sus aspiraciones personales, laborales, culturales y sociales.
Como ejemplo de este planteamiento puede citarse el programa Creating Shared Value ("Crear Valor Compartido") de la multinacional suiza Nestlé. Este modelo va más allá de la filantropía tradicional —centrada, en muchas ocasiones, en actuaciones de corto recorrido— y apuesta por generar las condiciones necesarias para un desarrollo sostenible, autónomo y con efectos duraderos sobre las comunidades en las que actúa. Con independencia de los debates que puedan suscitar determinadas actuaciones de la compañía en otros ámbitos, este programa constituye uno de los ejemplos más conocidos de integración entre desarrollo económico y desarrollo social dentro del ámbito empresarial.
Se trata de una estrategia implantada de forma directa en comunidades agrícolas desfavorecidas de distintos países en vías de desarrollo. Aunque responde a un contexto diferente, muchos de sus principios podrían resultar extrapolables a determinadas zonas de España.
Veamos el enfoque aplicado por Nestlé en Costa de Marfil.
En diversas zonas rurales de Costa de Marfil, una de las regiones económicamente más desfavorecidas del país y donde la compañía desarrolla parte de su cadena de suministro de cacao, Nestlé lleva a cabo actuaciones basadas en dos ejes fundamentales:
Desarrollo económico (capacitación y microfinanzas): en lugar de limitarse a adquirir la materia prima, la empresa forma a los agricultores para mejorar el rendimiento de sus cultivos y la calidad del cacao. Además, facilita el acceso a microcréditos y promueve el cooperativismo, contribuyendo así a incrementar los ingresos de las familias.
Desarrollo social (infraestructuras y educación): con el objetivo de combatir la pobreza estructural y reducir el trabajo infantil, la compañía financia la construcción y rehabilitación de escuelas, facilita el acceso al agua potable y apoya programas de alfabetización dirigidos a las mujeres de las comunidades locales.
Ejes clave de su responsabilidad social
Adquisición ética. Nestlé procura garantizar un precio justo que permita mejorar las condiciones económicas de las comunidades productoras, al tiempo que audita su cadena de suministro para asegurar el cumplimiento de determinados estándares sociales y de sostenibilidad.
Sostenibilidad a largo plazo. La inversión en salud, educación y desarrollo comunitario contribuye a fortalecer la resiliencia de la cadena de valor y favorece que las nuevas generaciones encuentren incentivos para continuar vinculadas a la actividad agrícola.
La España Vaciada: una oportunidad de desarrollo
En España existe el fenómeno conocido como la España Vaciada, que en pleno siglo XXI afecta a amplias zonas del interior peninsular. Destacan especialmente provincias de Castilla y León (como Soria, Zamora o Ávila), Castilla-La Mancha (Cuenca), Aragón (Teruel y Huesca), el interior de Galicia y diversas comarcas de Extremadura.
Estas áreas representan un importante potencial para impulsar una economía sostenible, circular y de proximidad. Sin embargo, ese potencial todavía no se aprovecha plenamente desde la perspectiva del desarrollo económico y social, lo que contribuye a mantener los procesos de despoblación y pérdida de actividad que afectan a estos territorios.
Principales zonas de la España Vaciada
Serranía Celtibérica: comprende amplias zonas de Teruel, Cuenca, Soria y Guadalajara.
Cordillera Cantábrica: interior de Asturias, Lugo y Ourense.
Pirineo e interior de Cataluña: especialmente determinadas áreas del Pirineo y del interior de Lleida.
La Raya: franja fronteriza entre Extremadura y Castilla y León con Portugal.
Frontera entre Pontevedra y Portugal: durante la última década numerosas empresas gallegas han trasladado parte de su actividad al norte de Portugal, favoreciendo un importante desarrollo industrial de esta región gracias, en buena medida, a la inversión procedente de Galicia. Distintas organizaciones empresariales estiman que este proceso ha afectado a más de un millar de empresas de sectores tan relevantes como el metal o la automoción, históricamente muy vinculados al tejido productivo gallego.
Recursos naturales y oportunidades de desarrollo
La España Vaciada dispone de una amplia variedad de recursos naturales y patrimoniales que podrían constituir la base de proyectos sostenibles de desarrollo económico y social.
1. Suelos fértiles y ganadería extensiva
Recurso: amplias superficies de pastos naturales y masas forestales.
Bienes y productos: carnes con denominación de origen (vacuno, ovino y caprino), cuero y fertilizantes orgánicos.
Producción agroalimentaria: quesos artesanales, embutidos tradicionales y cultivos de secano de alto valor añadido, como cereales ecológicos y legumbres.
2. Bosques y biomasa
Recurso: una extensa superficie forestal integrada por pinares, robledales y encinares que requiere una adecuada gestión para prevenir incendios y conservar el patrimonio natural.
La reforestación de zonas degradadas mediante especies autóctonas de la Península Ibérica, evitando en la medida de lo posible la expansión de especies invasoras o de escaso valor ecológico, podría contribuir a una gestión forestal más sostenible.
Bienes y productos: madera destinada a la construcción sostenible, biomasa y pellets para calefacción, corcho y resina.
En determinadas comunidades autónomas, como Galicia, el sector forestal dispone de un importante margen de crecimiento y podría consolidarse como una actividad económica de referencia mediante una gestión más diversificada y orientada al aprovechamiento sostenible de los recursos.
Producción agroalimentaria: setas, trufas —especialmente apreciadas en provincias como Teruel y Soria—, miel artesanal y frutos secos.
3. Clima, energía solar y energía eólica
Recurso: amplias extensiones de terreno poco pobladas y con elevados niveles de radiación solar y potencial eólico.
Oportunidades: desarrollo de plantas fotovoltaicas y parques eólicos capaces de producir energía renovable, favorecer la implantación de nuevas actividades industriales y contribuir a la reducción de la huella de carbono.
4. Recursos hídricos y patrimonio geológico
Recurso: ríos de montaña, embalses y un importante patrimonio geológico.
Bienes y servicios: balnearios, ecoturismo y turismo de naturaleza.
Asimismo, estos recursos permiten el aprovechamiento hidroeléctrico, favorecen el desarrollo de la agricultura local y ofrecen nuevas oportunidades para actividades como la espeleología o el turismo geológico e industrial, tal y como sucede en distintos geoparques españoles.
5. Paisaje y patrimonio cultural
Recurso: pueblos históricos, arquitectura tradicional, espacios naturales y cielos con escasa contaminación lumínica.
Bienes y servicios: senderismo, turismo rural, astroturismo, alojamientos de retiro y experiencias vinculadas al patrimonio cultural.
Producción agroalimentaria: vinos de bodegas locales, quesos, embutidos y una amplia oferta gastronómica ligada a cada territorio.
Aspectos que convendría reforzar desde las Administraciones Públicas
Resultaría conveniente facilitar un mayor conocimiento de las ayudas económicas y fiscales existentes para impulsar procesos de repoblación, así como proporcionar información más accesible sobre las posibilidades de emprender proyectos vinculados a la economía verde en estas zonas.
Asimismo, se echan en falta iniciativas orientadas a promover la creación de cooperativas dirigidas por profesionales cualificados, capaces de aprovechar las oportunidades que ofrecen estos territorios desde una perspectiva económica, social y medioambiental.
Este tipo de iniciativas permitiría avanzar, entre otros, en dos objetivos principales:
1. Favorecer la repoblación de la España Vaciada, ofreciendo vivienda y nuevas oportunidades laborales que permitan a las personas desarrollar un proyecto de vida adaptado a sus capacidades, formación y circunstancias personales.
2. Impulsar la creación de empleo estable y de calidad, favoreciendo al mismo tiempo el desarrollo de economías circulares en aquellas regiones donde se implanten estas cooperativas.
El modelo cooperativo como instrumento de desarrollo
La creación de cooperativas mediante iniciativas privadas, públicas —a través de las distintas Administraciones— o impulsadas por la propia ciudadanía, siempre bajo la dirección de profesionales cualificados, puede constituir una herramienta de gran interés para promover el desarrollo económico y social de estos territorios.
El planteamiento consiste en aprovechar los recursos disponibles para generar productos y servicios de calidad que puedan comercializarse no solo en el mercado nacional, sino también en el conjunto de la Unión Europea, lo que supone acceder a un mercado potencial de más de 500 millones de consumidores.
Todo ello debería realizarse bajo criterios de sostenibilidad y de gestión responsable de los recursos, generando al mismo tiempo un número significativo de puestos de trabajo, con perfiles profesionales diversos y vocación de estabilidad. A su alrededor podrían desarrollarse, además, actividades económicas complementarias —establecimientos comerciales, empresas de servicios y otros negocios auxiliares— que reforzaran la economía circular y contribuyeran a fijar población en el territorio.
En este contexto, conviene recordar el importante papel que históricamente han desempeñado las cooperativas en distintos momentos del desarrollo económico español. Aunque este modelo empresarial no ha alcanzado en España el grado de implantación que presenta en otros países europeos, continúa representando una alternativa de gran interés, ya que se basa en organizaciones en las que los propios trabajadores son también los propietarios y participan en la gestión democrática de la empresa bajo el principio de "una persona, un voto".
Uno de los ejemplos más conocidos es el Grupo Cooperativo Mondragón, considerado un caso de éxito empresarial y objeto de estudio en universidades de reconocido prestigio internacional, entre ellas Harvard y la Universidad de Oxford.
Como modelo de creación de empleo, las cooperativas suelen priorizar la estabilidad laboral, la participación de los trabajadores, una mayor equidad salarial y medidas que favorecen la conciliación. Todo ello contribuye, en numerosos casos, a generar un empleo más inclusivo, estable y sostenible.
Motivos para apostar por el modelo cooperativo
· Empoderamiento laboral: Los trabajadores participan directamente tanto en la toma de decisiones como en los resultados de la actividad empresarial, reforzando así su implicación en el proyecto común y favoreciendo un mayor compromiso con la organización.
· Resiliencia frente a las crisis: La experiencia demuestra que las cooperativas de trabajo asociado han mostrado, en numerosas ocasiones, una mayor capacidad para mantener el empleo durante los periodos de recesión económica, reduciendo el impacto social de las crisis.
· Impacto social y territorial: Las cooperativas favorecen la igualdad de oportunidades, fortalecen la cohesión social y contribuyen al equilibrio territorial. En España generan empleo para más de 300.000 personas, lo que demuestra que constituyen una fórmula empresarial consolidada, aunque todavía con un amplio margen de desarrollo.
· Formación, ética y visión a largo plazo: En definitiva, el desarrollo económico y el desarrollo social no deben entenderse como objetivos independientes, sino como dos dimensiones que se refuerzan mutuamente.
La experiencia demuestra que aquellos proyectos que combinan una adecuada formación, una gestión basada en principios éticos y una visión estratégica a largo plazo generan beneficios que trascienden el ámbito estrictamente económico y repercuten positivamente en el conjunto de la sociedad.
Por ello, tres elementos pueden considerarse especialmente relevantes para impulsar un desarrollo sostenible:
la formación;
la ética y la responsabilidad;
una visión a largo plazo.
La combinación de estos tres pilares permite avanzar hacia el objetivo que inspira este artículo: la creación de verdadero Valor Compartido, entendido como un modelo de crecimiento capaz de generar prosperidad económica y, al mismo tiempo, un impacto social positivo y duradero.
Jose Antonio Iglesias Fernandez
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