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ESTANCAMIENTO EN EL ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO 2025: EL RETO DE LA I.A.

ESTANCAMIENTO EN EL ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO 2025: EL RETO DE LA I.A.

Por Comunicación Uno6 min de lectura
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El Informe de Desarrollo Humano (IDH) del PNUD de 2025 se ha centrado en analizar el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en el desarrollo humano. La IA avanza de manera vertiginosa, sin embargo, los titulares que abordan la IA privilegian la tecnología dentro de un vacío de expectativas ilusorias que oscurece lo que realmente importa: la capacidad de las personas para tomar sus propias decisiones.

Las elecciones que adoptan las personas y que pueden llegar a materializarse dentro de un contexto de libertades cada vez más amplio, son esenciales para un desarrollo humano que aspira a que las personas disfruten de vidas valiosas y que tengan razones para valorarlas.

Un mundo con inteligencia artificial está lleno de opciones, cuyo ejercicio es tanto una cuestión de desarrollo humano como un medio para impulsarlo.

En el futuro importara menos lo que es capaz de hacer la IA —si parece o no humana— y será más relevante su capacidad para impulsar la imaginación de las personas para reconfigurar las economías y las sociedades a fin de maximizar todo su potencial. En lugar de tratar de predecir infructuosamente aquello que va a suceder, el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD (IDH) se plantea cuáles son las decisiones que pueden tomarse para abrir nuevas vías de desarrollo para todos los países, y para que todas las personas tengan la oportunidad de prosperar en un mundo con IA.

Estás son algunas de sus conclusiones:

1.     Las brechas de desarrollo humano aumentan y el progreso global puede estar perdiendo fuerza

Poner el foco en las personas puede ayudar a muchos países cuyo proceso de desarrollo humano se encuentra atrapado en una pinza entre las enormes expectativas sobre la IA, por un lado, y la cruda realidad del desarrollo por otro.

Las heridas causadas por los retrocesos en los valores del IDH mundial durante la pandemia (periodo 2020-2021) no han sanado y la recuperación posterior parece estar perdiendo fuerza. Tan solo hace unos pocos años íbamos camino de vivir en un mundo con un IDH muy alto en 2030. Ese futuro se ha retrasado unos cuantos años si nos atenemos a las tendencias del período 2021-2024. Ahora, las proyecciones apuntan a un retraso de décadas (figura 1).

El mínimo aumento en el valor del IDH global proyectado para 2024 será uno de los más bajos desde que se empezó a registrar hace 35 años (figura 2).

Esta desaceleración prevista se observa en todas las regiones en desarrollo (figura 3) donde, en general, los países se están quedando aún más atrás. Las brechas entre los países con IDH alto y bajo, que llevaban décadas reduciéndose, han vuelto a aumentar en los últimos cuatro años.

Las vías de desarrollo que crearon empleos a escala y redujeron la pobreza gracias a la expansión de las manufacturas y las exportaciones a los mercados internacionales se están reduciendo. Este retroceso es producto de tres factores:

·       inadecuada financiación exterior,

·       existencia de menores oportunidades de fabricación debido, en parte, a la automatización,

·       tensiones comerciales que limitan las opciones de exportación.

Entender la IA simplemente como una extensión hipertrofiada de las tecnologías digitales existentes y utilizarla para automatizar el trabajo erosiona todavía más las opciones de desarrollo. Por el contrario, si ponemos el foco en la complementariedad de las personas con las máquinas, es posible abrir nuevas vías de desarrollo.

2. La ciudadanía muestra un cauto optimismo acerca de la IA en todo el mundo

Los avances en IA permiten realizar muchas tareas que anteriormente eran ejecutadas por humanos, y esto ha generado miedo a la sustitución de las personas por las máquinas y a una enorme pérdida de empleos. No es la primera vez que sucede frente a algún evento que revolucione la industria… Es indudable que se producirán cambios en la demanda de mano obra, pero siempre habrá espacios en los que brillen las capacidades humanas, donde los seres humanos puedan hacer cosas que las máquinas son incapaces de hacer, o las hacen mal; espacios en que las sociedades prefieran que sean personas y no máquinas las que hagan las cosas, y en los que personas y máquinas podrán llegar más lejos y más rápido juntas que por separado.

Al reconocer esto empezamos a ver más allá de lo que la IA puede llegar a hacer en el futuro y, en su lugar, podemos ver lo que puede hacer por las personas ahora. La IA actual tiene un amplio potencial por explorar en el campo de la innovación y de la eliminación de barreras a la inclusión financiera, la educación y el buen trabajo. De hecho, la ampliación que ofrece al trabajo humano avanza con paso firme, lo que está permitiendo a las personas dedicar más tiempo a tareas en las que sobresalen o en aquellas donde es valioso aportar un “toque humano”.

Esta perspectiva se ve reflejada en la encuesta global elaborada para el informe 2025 (+21.000 personas de 21 países), una de las encuestas de opinión pública sobre IA más importantes realizadas a nivel mundial en los últimos tres años. En todos los niveles del Índice de Desarrollo Humano (IDH) se observa ya una amplia utilización de la IA y las previsiones son de un rápido aumento. Los encuestados muestran un optimismo cauto respecto al impacto de la IA en sus trabajos, con unas expectativas de ampliación que superan ligeramente a las de automatización.

3. Avanzar hacia un desarrollo humano ampliado con IA exige construir una economía basada en la complementariedad, impulsar la innovación con intención, e invertir en capacidades que cuentan.

El foco del Informe sobre Desarrollo Humano de 2025 se ha centrado en las personas y sus capacidades y ha identificado tres áreas de acción para un desarrollo humano ampliado por la IA.

·       Construir una economía basada en la complementariedad para que las personas y la IA encuentren más oportunidades de colaborar y no de competir. En este sentido, son claves la ampliación de la inteligencia humana, el empoderamiento de los trabajadores y el despliegue estratégico de la IA.

·       Impulsar la innovación con intención, de modo que las oportunidades para las personas no queden en segundo plano, sino que sean un aspecto integral del diseño y el uso de la IA. Se puede orientar la IA por medio de incentivos que incorporen en sus procesos de innovación la capacidad de actuación humana desde su diseño hasta su aplicación, alineando la innovación basada en objetivos socialmente deseables con el beneficio privado y complementando los criterios de referencia actuales de la IA con otros nuevos que capturen su potencial para promover el desarrollo humano

·       Invertir en capacidades que cuentan para que las personas puedan obtener el máximo beneficio de la IA en sus vidas. Debe aprovecharse la flexibilidad y adaptabilidad de la IA para personalizar la educación y la atención sanitaria en contextos diferentes, sin dejar de abordar por ello los riesgos y desafíos relacionados con los sesgos, la privacidad, la capacidad económica y la equidad. Al personalizar la educación o extender la atención sanitaria, la AI puede generar también una demanda complementaria de empleos para los humanos.

Conjuntamente, estas tres áreas invitan a que los responsables de elaborar las políticas se alejen de las tendencias que desmoralizan y marginan a la mayoría de la población y, en su lugar, alienten a la ciudadanía a ampliar sus libertades.

Fuente:  https://hdr.undp.org

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